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UNA PALABRA TUYA BASTARÁ

CREO EN TI Mateo 8, 5-17 Creer es la apertura de todo mi ser a una dinámica de salvación. Buscar tu presencia, Señor, en lo que me acontece llena de paz y esperanza mi interior. He de aprender a poner mis ojos donde realmente estás tú; será fácil encontrarte en los momentos alegres de mi vida, en aquellos donde es evidente tu presencia. Pero será complicado verte en aquellas realidades que duelen.  Creo en tu Palabra, Señor, en el soplo de tu Espíritu. Ayúdame a recrearme en Ti durante aquellos momentos donde te veo claramente y enséñame a aferrarme a ese abrazo que me das cuando sabes que la realidad atraviesa mi corazón. No dejes de pronunciarte en mi interior, Señor, pues con una Palabra tuya que logre escuchar encontraré paz y fortaleza para no dejar de luchar. Fray Pedro.

Y TÚ ¿QUIÉN DICES QUE SOY?

NO CON TEORÍA SINO CON TESTIMONIO Mateo 16, 13,19 Frente a esa pregunta que me haces hoy, Señor, quiero guardar silencio antes de contestar con una idea o teoría, con aquello que he aprendido de ti en los libros. Quiero reflexionar sobre el testimonio que he dado y vivido y responderte así quién eres para mí. Sólo con vida, obras, acciones se puede contestar correctamente esta pregunta. Mi forma de vivir y relacionarme con mis hermanos, mi esfuerzo por buscar al Señor en el silencio y mi deseo de querer ser signo del Evangelio dan a esa pregunta una respuesta mucho más hermosa que miles de discursos teóricos. Que sea con mi testimonio y no con teoría la manera en que todos sepan quién eres para mí, Señor.

ESCUCHARTE PARA NO HUNDIRME

¿CÓMO CONSTRUYO MI INTERIOR?  Mateo 7, 21-29 Mi vida es un proyecto tan hermoso en el que tú te haces presente Señor. Reconozco que en ocasiones soy descuidado y no atiendo la voz de tu Espíritu que siempre sopla en mi interior. Llegan los momentos complicados de la vida y siento hundirme en la desesperación, el miedo y el sin sentido. Hago un recuento de esas tormentas que me hundieron y lo misericordioso que fuiste conmigo pues no me dejaste nunca solo. Hoy quiero pedirte que aumentes en mí el deseo de escucharte constantemente para ser sabio y construir mi interior y mi vida de tal forma que tu presencia sea siempre mi fortaleza. Que no me vean hundido Señor y falto de esperanza, que me vean firme y seguro cumpliendo tu voluntad. Fray Pedro

FALSO PROFETA

POR SUS FRUTOS LOS RECONOCERÁN Mateo 7, 15-20 Señor, desde el día en que fui bautizado se me dio la dignidad de ser profeta tuyo para anunciar la Buena Nueva, para ser signo de salvación para los demás. ¿Qué frutos he dado con esta dignidad? Hoy me doy cuenta que corro el riesgo de ser cristiano de apariencia, profeta falso, y vivir mi bautismo sin compromiso ni frutos buenos de solidaridad, perdón, reconciliación, paz. Ayúdame, Señor, a reconocer mis frutos y corregir lo que tenga que ser corregido para que sean mejor. Dame también sabiduría para no dejarme guiar por falsos profetas que lo que menos desean es mi salvación. 

AYÚDAME A ENTRAR POR ESA PUERTA

LA PUERTA ESTRECHA Mateo 7, 6, 12-14 Ser cristiano no es sólo un estilo de ser sino un estado de vida. Ser discípulo de Cristo va más allá de hincarse y rezar mucho, de ir todos los días a misa, de aprenderse de memoria fórmulas y ritos. Todo eso cualquiera lo hace. Ser cristiano de verdad me compromete con valores del Reino que no son fáciles de vivir pues me cuestionan, me incomodan, me exigen, me descubren en lo que realmente soy. Es tan complicada esta puerta y preferimos siempre lo más fácil. Hoy quiero pedirte Señor que me ayudes a quitar de mi persona todo aquello que me ensancha y no me deja pasar por la puerta estrecha que lleva a la felicidad y coherencia de ser Cristiano. Ayúdame a quitarme esa pereza, ese egoísmo, esa doblez, mi indiferencia, el miedo y mi falta de compromiso. Tal vez así quepa por fin por ese espacio que una vez cruzado ensanchará mi ser en amor, alegría y salvación. Fray Pedro.

NO NOS DESTRUYAMOS CON JUICIOS

Mateo 7, 1-5 No necesito golpear o disparar para lastimar a alguien, basta un juicio sin misericordia para destruirle la vida. Es tan fácil hacerlo y tan difícil enmendarlo que nuestros descuidos causan profundas heridas en los corazones de quienes nos rodean. Juzgar a los demás sin misericordia es la más clara expresión de la basura que llevo dentro y que no me hace ser feliz, es la proyección de la ausencia de Dios en mi vida. Ayúdame Señor, a sanar mi interior para que mis palabras no destruyan a los demás, para que mis juicios no lastimen a mis hermanos. Ayúdame a pronunciar solamente lo que edifique y permita construir Reino de Dios entre nosotros. Fray Pedro. 

ILUMÍNAME SEÑOR PARA YO ILUMINAR TAMBIÉN

Isaías 49, 1-6 Nadie podría conocerme mejor que Tú, Señor. Mi historia, mis alegrías, mis sentimientos, mis dudas, mis miedos, mis sombras. Soy un anhelo tuyo desde que mi ser se conformaba en el vientre de mi madre. Hoy giro mi mirada al camino que he recorrido y reconozco lo maravilloso que has sido conmigo. ¡Cuánta fe has tenido en mí, Señor! Pero también reconozco en mi vida aquello que ensombrece el amoroso anhelo que tienes para mí. Hoy te pido, Señor, que renueves tu Luz en todo mi ser y me concedas ser luz para mis hermanos. Renueva mis fuerzas para anunciarte con una vida coherente, entera, sin mediocridad y en la libertad, resultado de vivir en la verdad. Así como lo hizo Juan el Bautista, en la esperanza, en la fe, en la humildad y en un celo por predicar con mi vida el Reino de tu Padre. Fr. Pedro

VERTE CON EL CORAZÓN

REFLEXIÓN PARA NIÑOS En este Domingo de la Misericordia el Evangelio nos recuerda que para "ver" a Jesús no necesitamos lentes especiales pero sí un corazón que ame mucho, que perdone mucho, que quiera la paz para todos. Uno de los Apóstoles llamado Tomás les dijo a sus hermanos: "Si no veo, no creo". Esto le pasó porque cuando Jesús se apareció a los Apóstoles, Tomás no estaba reunido con ellos. El corazón de Tomás estaba cerrado. ¿Cómo le hizo para abrir su corazón y poder ver a Jesús? Se quedó con sus hermanos, los Apóstoles, hizo oración con ellos, los escuchó y compartió. Sólo así pudo verlo cuando se apareció de nuevo y hasta pudo meter su dedo en sus heridas y su mano en su costado. Cuando nos alejamos de nuestros hermanos, cuando cerramos nuestro corazón por miedo, por coraje, por envidia o egoísmo, no podemos ver a Jesús Resucitado que aparece en nuestras comunidades. ¿Qué hay que hacer? Estar en la comunidad, venir a misa, escuchar la Palabra de...

REFLEJAR A JESÚS CON MI VIDA

REFLEXIÓN PARA LOS NIÑOS Ésta es la última semana de Cuaresma, el tiempo se nos ha ido muy rápido y es necesario reflexionar nuestro caminar y todo lo que hemos aprendido de Jesús. En la lectura del Evangelio de la misa de este Domingo 5º de Cuaresma se nos relata el deseo de mucha gente de conocer a Jesús. Los discípulos y amigos de Jesús eran quienes les ayudaban a todos para poder acercarse a Él y conocerlo. ¿Sabes por qué los discípulos y amigos de Jesús ayudaban a los demás a acercarse al Maestro? Porque lo conocían muy bien. Habían vivido con Él, comieron con Él, aprendieron con Él, lo escucharon siempre y caminaron junto con Él. Esta última semana de Cuaresma nos tenemos que poner las pilas y ayudar a alguien a que conozca un poquito más a Jesús. Pero, ¿cómo podemos hacerlo? Empecemos dando señales de que Jesús es nuestro amigo y que lo conocemos bien: siendo amables, siendo obedientes, orando para bendecir el alimento, perdonando a alguien, compartiendo el a...

LUZ Y AMOR EN MI CUARESMA

REFLEXIÓN PARA NIÑOS En este domingo encontramos una enseñanza muy hermosa al leer las lecturas de la misa. Este enseñanza nos ayuda a poner nuestra atención en lo más importante de nuestra cuaresma:  el amor que Dios nos tiene a todos nosotros. Papá Dios nos envió a su Hijo Jesucristo para que nos ayudara a comprender su amor. No lo mandó para asustar a la gente con castigos y enojos, al contrario, Jesús vino para transformar nuestra vida con su amor y transformar nuestro corazón con su luz. La invitación que hoy tengo es dejarme guiar por la Luz de Jesús y dejarme transformar por su amor para caminar por la ruta de la felicidad. Papá Dios no castiga, Papá Dios no se enoja. Él sólo ama, ilumina y transforma corazones para ser felices.

YO SOY TEMPLO DE MI PAPÁ DIOS

REFLEXIÓN PARA LA MISA DE NIÑOS En el evangelio de este domingo se nos narra cómo Jesús se enfadó por ver a los vendedores en el templo. Lo que a él le molestó fue que la gente negociara y robara en un lugar tan sagrado como lo es el templo, ahí donde podemos encontrar a Papá Dios. Lo que hizo Jesús fue sacarlos a todos y tirar sus puestos. Toda esa gente realmente no se preocupaba por respetar el templo sagrado. Toda esa gente fue expulsada por Jesús y les gritó lo equivocados que estaban. Él les dijo: "Yo soy el verdadero Templo de Dios". Hoy podemos reflexionar sobre el templo de nuestro corazón. ¡Sí!, nuestro corazón es templo de Papá Dios pues ahí lo podemos encontrar: en nuestro corazón. Y si es templo de Dios tenemos que respetarlo y cuidarlo. No podemos hacer negocio con lo más bello que tenemos en nuestra vida: la vida, el amor, la alegría, nuestra libertad. No podemos cambiar lo hermoso de la vida por mentiras, enojos, envidias, violencia, tranzas y robos. ...

MULTIPLICA MIS PANES, SEÑOR

Evangelio según san Marcos 8, 1-10 Hoy reconozco, Señor, que nunca separas tu mirada de mí, que estás al tanto de mi vida y cuidas siempre de mi caminar. El andar no siempre es fácil; hay obstáculos, decepciones, penas, tristezas que apagan mi espíritu y hacen desfallecer mi vida. Sólo tú, Señor, me sostienes, no dejas que siga caminando sin restaurarme antes, me alimentas y levantas de nuevo. Gracias, Señor, porque multiplicas tu Pan para que pueda Vivir y seguirte. Y si tú compartes conmigo tu Pan, ayúdame a compartir el mío con mis hermanos. Que mi ser cristiano no sea un mero ritualismo y cumplimiento de leyes, sino un verdadero deseo de vivir con mis hermanos, partiendo y compartiendo, no sólo por dar sino para buscar ser comunión con ellos.

¡ÁBREME SEÑOR!

Evangelio según san Marcos 7, 31-37 La sordera y la mudez no son sólo lesiones que me incapacitan para comunicarme con los demás, también son lesiones del corazón que me cierran e impiden vivir tu Salvación. Soy sordo cuando no quiero escuchar al hermano que me ofrece disculpas o a aquél que me necesita, cuando no quiero escuchar tu Palabra, cuando no quiero escucharme a mí mismo. Cierro mi corazón y me encierro en un silencio destructivo que me aleja de la experiencia de estar contigo y con los demás. Soy mudo cuando prefiero callar las injusticias, cuando opto por no decir la verdad en perjuicio de mi hermano, cuando me guardo un "te amo", un "perdóname". Soy mudo cuando me trago todo y no digo nada fraguando un cáncer espiritual que terminará por apagarme en la tristeza y desesperación. ¡Ábreme Señor! Toca mis oídos y mi boca para abrir mi corazón y sanarlo, para dejar que mis hermanos entren en él, para escuchar los latidos de sus corazones y contempl...

¿CÓMO PREDICO TU REINO?

Evangelio según san Marco  6,7-13 Hoy Señor, quiero detenerme un poco y sentirme partícipe de ese anhelo que tú tienes para toda la humanidad; ser colaborador en tu proyecto de Salvación es una bendición. No es fácil ser consciente de esta realidad divina que tú pones a nuestro alcance. Los días y sus problemas, las prisas, las deudas, las decepciones y mis pocas ganas de verme feliz oscurecen la alegría de luchar por seguir construyendo tu Reino en mis contextos. Me callo las injusticias, miento por miedo, soy indiferente ante el sufrimiento, cierro mi corazón con la incredulidad y la frialdad. Hoy quiero superar mis actitudes negativas que no construyen Cielo sino que me dejan vacíos que apagan mi corazón. Haz que sople tu Espíritu Señor en mi interior, hazme vibrar ante tu mandato de ir a predicar y concédeme ser signo de tu presencia para mis hermanos, sanando tristezas y heridas, liberando de miedos y mediocridad, perdonando aunque parezca difícil, animando vidas y co...

¿DE QUÉ TIERRA ESTOY HECHO?

Evangelio según san Marcos 4, 1-20 Reconozco, Señor, tu generosidad que se traduce en bendiciones para mi vida día con día. Tú no te fijas en mi condición, debilidad, fragilidad e indiferencia, sino que confías en mí y me llenas de tu amor y de tu presencia, así como el sembrador que, aunque sabía que lanzaba semillas donde no habría fruto, lleno de esperanza esparcía su deseo de ver vida por doquier. Y si de tierra hablamos, hoy quiero ser sincero conmigo mismo y ver la tierra de la que estoy hecho. ¿Qué tierra tiene mi corazón? Es un verdadero ejercicio de humildad aceptar mi lodo, mi tierra, mi barro. Sé que a diario lanzas la semilla de tu Palabra a mi tierra con la esperanza de que dé fruto. Tú me conoces perfectamente y aún así no dejas de bendecirme con tu Palabra. ¡Cuánta semilla tuya he desperdiciado y dejado morir, todo por mis miedos, cobardías, egocentrismo y mediocridad! Ayúdame a quitar tantas piedras y espinas que ahogan tu Palabra; enséñame a regar con tu Amor ...

FAMILIA UNIVERSAL

Evangelio según san Marcos 3, 31-35 Señor, nos llamas a seguir construyendo el Reino que tú predicaste y para lograrlo no dejas de insistirnos en aprender a escuchar al Padre para conocer su voluntad. Hoy quiero proponerme imitarte en tu oración, buscar al Padre en mi silencio, mi corazón, mis pesares y alegrías, con el sólo fin de escucharlo y saber dirigir mi vida en la entrega por su Reino. Sé que no estoy solo, tú estás conmigo y todos aquellos quienes están atentos a tu voz. Con ellos habremos de conformar la familia universal que se une, no necesariamente con sangre, sino con el deseo de vivir la Salvación que tú nos has regalado ya.

¡QUÉ INCÓMODO ES PREDICARTE!

Evangelio según San Marcos 3,20-21 Cuando te predico, Señor, tengo el riesgo de hacerlo sólo con palabras bonitas. Creo que para predicarte tengo que revisar mi vida y mi proceder.  Predicarte es ser y vivir como tú lo hiciste, no hay vuelta de hoja. Claro, es difícil salir de mis seguridades y comodidades; muchas veces prefiero quedarme con el mínimo esfuerzo y liberarme de problemas con los demás.  Hoy quiero preguntarme si quiero realmente ser tu discípulo. Si las incomodidades no me importan te seguiré, de lo contrario seguiré siendo cristiano de buena intension y cuestionable acción. 

UNA RELIGIÓN MEDIOCRE

Del Evangelio según san Marcos 2, 23-28 Señor, si lograra entender la dinámica del amor a la que tú me invitas, estoy seguro que podría gozar de una alegría más constante y verdadera. Pero no alcanzo a ser consciente de esa realidad que pones al alcance de mi mano y corazón. Me gusta ostentar que te conozco, que conozco tus leyes y que las cumplo, pero mi expresión a mis hermanos dice todo lo contrario. Creo, Señor, que profeso una fe a medias, que soy un cristiano a medias, que vivo una religión a medias, porque prefiero fijar mi mirada al cielo cuando hay quienes ruegan que me agache de mi orgullo y soberbia para escucharlos y ayudarlos, para darles credibilidad, compasión y un poco de ti. No quiero ser un cristiano a medias. ¡Quítame, Señor, la mediocridad! y ayúdame a vivir lo que creo, lo que profeso y lo que digo conocer de ti.

HOY NO QUIERO QUE ME ESCUCHES

Señor, me inquieto mucho cuando siento que mi oración no recibe respuesta tuya. Ansío que me escuches y me ayudes en tantas cosas. A veces no entiendo tu silencio.  Hoy quiero cambiar mi actitud de oración. No quiero orar para que me escuches sino para que yo pueda escucharte, de tal manera que me anime a decirte: ¡aquí estoy! Estoy seguro que si escucho tu voz en mi corazón podré conocer el deseo que tienes para mí y reiteraré mi vocación a seguirte, en cualquier estado de vida al que me has llamado: como religioso, como casado, como soltero, como profesionista. Sólo así gozaré de vivir tu salvación y hacerla vivir a mis hermanos.  ¡Habla, Señor, que tu siervo te escucha!

SI TENGO MIEDO, NO SANARÉ

Evangelio según san Marcos 1, 40-45 Señor, creo firmemente que, a diario, derramas sobre mí infinidad de bendiciones y sanas con tu Espíritu mi corazón. También creo que yo soy quien pone barreras para que tú me toques y sanes mi vida de lepras que no me dejan ser feliz. Tengo miedo a lo que dirán de mí, tengo miedo a no ser perdonado por ti, tengo miedo a que mi vida no tenga solución, tengo miedo a mis propios pecados, tengo miedo a ser lastimado aún más. Hoy quiero vencer mis miedos, Señor. Quiero levantar mi mirada hacia ti y decirte desde el corazón: "Si tú quieres, puedes curarme", sabiendo que tú me tocarás y me dirás: "¡Sí quiero: sana!".