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NO SEAMOS CIEGOS

La ceguera no sólo es física sino espiritual. Nos gusta mirar pero no sabemos mirarnos. ¡Cuánto daño hacemos cuando no sabemos mirar!

Es sólo a través del saber mirar que experimentamos el respeto a los demás, es sólo mirándonos a nosotros mismos que aprendemos a vivir misericordia desde el reconocimiento de nuestras propias miserias.

Si esta Navidad no sabemos mirar, perderemos la oportunidad de preparar el corazón y se nos irá la oportunidad de hacerlo por estar mirando cosas que no son relevantes y son, además, ajenas a las experiencias verdaderas de Navidad: amor, reconciliación, perdón, unión, comprensión, liberación y salvación.

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¿QUÉ HAMBRE QUIERO REALMENTE SACIAR? Juan 6, 24-35 Hoy abro mi corazón desde la sinceridad para pedirte, Señor, que me ayudes a corregir aquello que no me permite vivir en la verdad y ser imagen tuya. Ando murmurando todo y contento en nada, porque tengo ganas de ser saciado de un hambre que, por más que trato,  me deja insatisfecho y sin felicidad. Me doy cuenta, Señor, que muchas veces deseo ser saciado en mi soberbia, en mi egoísmo, en mi odio, en mi rencor. Todo ello causado por no vivir en la verdad y en el amor.  Te busco y te grito que me sacies y no logro entender que de lo que tú me puedes saciar es de amor, de esperanza y de fe. Todos los días haces soplar tu Espíritu para que caiga en mi corazón tu  maná: la paz, la alegría de compartir, la compasión, y no lo aprovecho.  Ayúdame a corregir mi mente y mi espíritu y a renovarme desde dentro para tener hambre de ti. Fray Pedro

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VERTE CON EL CORAZÓN

REFLEXIÓN PARA NIÑOS En este Domingo de la Misericordia el Evangelio nos recuerda que para "ver" a Jesús no necesitamos lentes especiales pero sí un corazón que ame mucho, que perdone mucho, que quiera la paz para todos. Uno de los Apóstoles llamado Tomás les dijo a sus hermanos: "Si no veo, no creo". Esto le pasó porque cuando Jesús se apareció a los Apóstoles, Tomás no estaba reunido con ellos. El corazón de Tomás estaba cerrado. ¿Cómo le hizo para abrir su corazón y poder ver a Jesús? Se quedó con sus hermanos, los Apóstoles, hizo oración con ellos, los escuchó y compartió. Sólo así pudo verlo cuando se apareció de nuevo y hasta pudo meter su dedo en sus heridas y su mano en su costado. Cuando nos alejamos de nuestros hermanos, cuando cerramos nuestro corazón por miedo, por coraje, por envidia o egoísmo, no podemos ver a Jesús Resucitado que aparece en nuestras comunidades. ¿Qué hay que hacer? Estar en la comunidad, venir a misa, escuchar la Palabra de...