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¿CÓMO PREDICO TU REINO?



Evangelio según san Marco 6,7-13
Hoy Señor, quiero detenerme un poco y sentirme partícipe de ese anhelo que tú tienes para toda la humanidad; ser colaborador en tu proyecto de Salvación es una bendición. No es fácil ser consciente de esta realidad divina que tú pones a nuestro alcance.

Los días y sus problemas, las prisas, las deudas, las decepciones y mis pocas ganas de verme feliz oscurecen la alegría de luchar por seguir construyendo tu Reino en mis contextos. Me callo las injusticias, miento por miedo, soy indiferente ante el sufrimiento, cierro mi corazón con la incredulidad y la frialdad. Hoy quiero superar mis actitudes negativas que no construyen Cielo sino que me dejan vacíos que apagan mi corazón.

Haz que sople tu Espíritu Señor en mi interior, hazme vibrar ante tu mandato de ir a predicar y concédeme ser signo de tu presencia para mis hermanos, sanando tristezas y heridas, liberando de miedos y mediocridad, perdonando aunque parezca difícil, animando vidas y corazones, abriendo los ojos para que te puedan ver y los oídos para que puedan escucharte. Concédeme ser, Señor, como Tú y no permitas que olvide mi misión de predicar el Reino de tu Padre con toda mi vida y mi ser.

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VELARÉ CONTIGO, SEÑOR

Mateo 24, 42-51 Soy tan frágil, Señor, hecho de barro que se rompe y aún así has puesto en mi interior un gran tesoro: tu Amor y tu Gracia. Ante los momentos de miedo y zozobra, ante el sinsentido de la vida, en medio de la soledad y la oscuridad o inmerso ya en el pecado, quiero volver mis ojos a ti, Señor, cuidar nuestra amistad, dejar a un lado la vergüenza y la culpa y ocuparme de disfrutarte cada instante de mi vida. Ayúdame con tu Espíritu a velar, a cuidar, a mirarte en todo y en todos y no dejar que ni un día de mi vida se me vaya sin disfrutar de tu presencia que sana, que abraza, que salva. Fray Pedro

DEJEMOS EL LUTO DE NUESTRA APATÍA

Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

UNA RELIGIÓN MEDIOCRE

Del Evangelio según san Marcos 2, 23-28 Señor, si lograra entender la dinámica del amor a la que tú me invitas, estoy seguro que podría gozar de una alegría más constante y verdadera. Pero no alcanzo a ser consciente de esa realidad que pones al alcance de mi mano y corazón. Me gusta ostentar que te conozco, que conozco tus leyes y que las cumplo, pero mi expresión a mis hermanos dice todo lo contrario. Creo, Señor, que profeso una fe a medias, que soy un cristiano a medias, que vivo una religión a medias, porque prefiero fijar mi mirada al cielo cuando hay quienes ruegan que me agache de mi orgullo y soberbia para escucharlos y ayudarlos, para darles credibilidad, compasión y un poco de ti. No quiero ser un cristiano a medias. ¡Quítame, Señor, la mediocridad! y ayúdame a vivir lo que creo, lo que profeso y lo que digo conocer de ti.