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¿CÓMO PREDICARTE, SEÑOR?




La misión de todo bautizado es ser predicador del Reino de Dios y nadie puede excluirse de dicho compromiso. Pero no siempre sabemos hacerlo de manera correcta.

Pensamos que es necesario leer muchos libros, aprender citas bíblicas de memoria, estudiar otros idiomas. Muchos creen que es necesario ser monja, sacerdote o religioso para lograr hacerlo. 

En verdad, lo único que necesitamos es dejarnos mover por tu Espíritu. Todo lo anterior nos sirve pero sin el Espíritu nada lograremos. Y para sentir tu poder, Señor, es necesario ser humildes, aceptar que somos de barro y nos rompemos, que lo maravilloso está dentro de nosotros y Tú nos lo das para lograr construir tu Reino.

Perdóname, Señor, porque muchas de mis predicaciones estuvieron vacías de tu Espíritu. Y ayúdame para corregir mis errores, pedir perdón a quienes he ofendido, orar por quien sufre a causa de mis incoherencias y a dejarme impregnar por tu poder que sana, me hace sabio, sagaz y prudente. Así predicaré con eficacia y avanzaré en el cumplimiento de mi misión como cristiano: liberando, sanando y anunciando.


Fray Pedro

Comentarios

  1. Hermosa reflexión que sale desde lo más profundo de su ser, que el Espíritu del Señor, se derrame siempre en usted, mi querido Fray. Saludos

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DEJEMOS EL LUTO DE NUESTRA APATÍA

Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

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Del Evangelio según san Marcos 2, 23-28 Señor, si lograra entender la dinámica del amor a la que tú me invitas, estoy seguro que podría gozar de una alegría más constante y verdadera. Pero no alcanzo a ser consciente de esa realidad que pones al alcance de mi mano y corazón. Me gusta ostentar que te conozco, que conozco tus leyes y que las cumplo, pero mi expresión a mis hermanos dice todo lo contrario. Creo, Señor, que profeso una fe a medias, que soy un cristiano a medias, que vivo una religión a medias, porque prefiero fijar mi mirada al cielo cuando hay quienes ruegan que me agache de mi orgullo y soberbia para escucharlos y ayudarlos, para darles credibilidad, compasión y un poco de ti. No quiero ser un cristiano a medias. ¡Quítame, Señor, la mediocridad! y ayúdame a vivir lo que creo, lo que profeso y lo que digo conocer de ti.