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ME LLAMAS SIENDO IMPERFECTO




¿Cuál es tu lógica, Señor? Te hiciste rodear de gente imperfecta que se convirtieron en tus amigos después de experimentar la verdadera amistad contigo. Y aún así te abandonaron, llenos de miedo no querían ver a nadie, aterrados de ser señalados te negaron. ¿Cuál es tu lógica, Señor? que después de todo esto los buscaste y les diste lo que más necesitaban: "Tu Paz".

La historia se repite en cada uno de nosotros. Nos has llamado, no porque seamos perfectos, sino por Tú nos has elegido. Te hemos abandonado, hemos huido, te hemos negado y nos hemos dejado embargar por el miedo y la desesperanza, y por encima de todas nuestras imperfecciones sigues ahí, frente a nosotros, diciéndonos: Ten Paz, aquí sigo contigo, te necesito, sígueme.

Que tu Paz, Señor, me transforme día a día, como transformó a tus discípulos, para seguirte y no dejar de insistir en tu proyecto, que es el mío también: predicar y hacer vivir Salvación. Que mis errores e imperfecciones no me estorben en este seguimiento sino que me recuerden tu misericordia y tu deseo de llamarme así: imperfecto.


Fray Pedro

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¿QUÉ HAMBRE QUIERO REALMENTE SACIAR? Juan 6, 24-35 Hoy abro mi corazón desde la sinceridad para pedirte, Señor, que me ayudes a corregir aquello que no me permite vivir en la verdad y ser imagen tuya. Ando murmurando todo y contento en nada, porque tengo ganas de ser saciado de un hambre que, por más que trato,  me deja insatisfecho y sin felicidad. Me doy cuenta, Señor, que muchas veces deseo ser saciado en mi soberbia, en mi egoísmo, en mi odio, en mi rencor. Todo ello causado por no vivir en la verdad y en el amor.  Te busco y te grito que me sacies y no logro entender que de lo que tú me puedes saciar es de amor, de esperanza y de fe. Todos los días haces soplar tu Espíritu para que caiga en mi corazón tu  maná: la paz, la alegría de compartir, la compasión, y no lo aprovecho.  Ayúdame a corregir mi mente y mi espíritu y a renovarme desde dentro para tener hambre de ti. Fray Pedro

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Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

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