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¿CON EL CORAZÓN O CON MI PROYECCIÓN?


Evangelio según san Lucas 6, 39-42


Es difícil que dejemos de ver los errores en los demás. Es aún más difícil ocuparnos de descubrir nuestros errores. Optamos por lo más sencillo, criticando a los hermanos, para no vernos envueltos en conflictos con nuestras propias faltas.

Basta abrir la boca para lastimar con nuestro juicio y dejar ver que no son más que mis propias proyecciones las que me llevan a ser tan mordaz en mis sentencias. "Lo que me choca me checa". Y pasa seguido que cuando algo me causa conflicto en mi persona lo rechazo, aún con más repulsión, en los demás. ¿Qué clase de discípulo soy? ¿A quién quiero engañar?

Hoy quiero pedirte, Señor, que me cierres la boca y que me des valor para reconocer mis errores, mis conflictos, mis hipocresías, mis incoherencias. Ayúdame a trabajar mi persona para que cuando quiera hablar de un hermano, lo haga con mis conflictos resueltos y mi corazón en la mano, de tal manera que mi crítica sea siempre para construir y no para destruir.


Fray Pedro.

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DEJEMOS EL LUTO DE NUESTRA APATÍA

Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

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