Ir al contenido principal

VIVIRÉ POR TI, SEÑOR




Hoy podría ser el último día que tenga para convencerme de que no debería dejar ir mi vida nada más así. Hoy quiero ser sensato y aprovechar para llenarme de tu Espíritu.

Hoy renuevo mi deseo de esforzarme para que lo que tu enseñaste, lo que tú dijiste, como tú miraste, como tú perdonaste y amaste encuentre en mí una prolongación de tu hacer. Quiero Vivir "siempre" siendo consanguíneo a ti, Señor, y que mi carne manifieste lo que siempre has sido Tú.

Mi compromiso lo he de expresar con mi estilo de vida pues en mis venas corre también tu sangre y en mi carne han de encontrar el reflejo de Ti.

Fray Pedro

Comentarios

  1. Tú vives en mi Señor Jesús, y estoy cierta de que al comer de tu carne y beber de tu sangre, viviré eternamente en tí y tú en mi.
    Gracias Señor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jesús Mío ayúdame a no ser un judío más. A no dudar. Necesito tanto que alimentes mi alma y espíritu.....

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

VELARÉ CONTIGO, SEÑOR

Mateo 24, 42-51 Soy tan frágil, Señor, hecho de barro que se rompe y aún así has puesto en mi interior un gran tesoro: tu Amor y tu Gracia. Ante los momentos de miedo y zozobra, ante el sinsentido de la vida, en medio de la soledad y la oscuridad o inmerso ya en el pecado, quiero volver mis ojos a ti, Señor, cuidar nuestra amistad, dejar a un lado la vergüenza y la culpa y ocuparme de disfrutarte cada instante de mi vida. Ayúdame con tu Espíritu a velar, a cuidar, a mirarte en todo y en todos y no dejar que ni un día de mi vida se me vaya sin disfrutar de tu presencia que sana, que abraza, que salva. Fray Pedro

DEJEMOS EL LUTO DE NUESTRA APATÍA

Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

UNA RELIGIÓN MEDIOCRE

Del Evangelio según san Marcos 2, 23-28 Señor, si lograra entender la dinámica del amor a la que tú me invitas, estoy seguro que podría gozar de una alegría más constante y verdadera. Pero no alcanzo a ser consciente de esa realidad que pones al alcance de mi mano y corazón. Me gusta ostentar que te conozco, que conozco tus leyes y que las cumplo, pero mi expresión a mis hermanos dice todo lo contrario. Creo, Señor, que profeso una fe a medias, que soy un cristiano a medias, que vivo una religión a medias, porque prefiero fijar mi mirada al cielo cuando hay quienes ruegan que me agache de mi orgullo y soberbia para escucharlos y ayudarlos, para darles credibilidad, compasión y un poco de ti. No quiero ser un cristiano a medias. ¡Quítame, Señor, la mediocridad! y ayúdame a vivir lo que creo, lo que profeso y lo que digo conocer de ti.