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TODOS LOS DÍAS ME REHACES


SIN REPROCHOS TE EMPEÑAS EN MÍ


Si pusiera atención en los días que voy dejando en el ayer, encontraría rastros de tus pasos, de tus abrazos, de tu aliento y fortaleza en mi vida. Soy tan frágil que me rompo de inmediato ante el problema, la tristeza, la decepción, la desesperanza y mentiras. Lo bueno es tu presencia, que cuida y sana, para rehacerme desde la ruptura que vivo.

Somos creación tuya y nuestro barro sólo en tus manos llegará a ser obra de arte en el amar, en el perdonar y en el ser signo de la felicidad de Dios.

Hoy te pido, señor, que tomes mi barro para moldearlo y hacerme dócil a tu inspiración.


Fray Pedro

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¡DAME HAMBRE DE TI, SEÑOR!

¿QUÉ HAMBRE QUIERO REALMENTE SACIAR? Juan 6, 24-35 Hoy abro mi corazón desde la sinceridad para pedirte, Señor, que me ayudes a corregir aquello que no me permite vivir en la verdad y ser imagen tuya. Ando murmurando todo y contento en nada, porque tengo ganas de ser saciado de un hambre que, por más que trato,  me deja insatisfecho y sin felicidad. Me doy cuenta, Señor, que muchas veces deseo ser saciado en mi soberbia, en mi egoísmo, en mi odio, en mi rencor. Todo ello causado por no vivir en la verdad y en el amor.  Te busco y te grito que me sacies y no logro entender que de lo que tú me puedes saciar es de amor, de esperanza y de fe. Todos los días haces soplar tu Espíritu para que caiga en mi corazón tu  maná: la paz, la alegría de compartir, la compasión, y no lo aprovecho.  Ayúdame a corregir mi mente y mi espíritu y a renovarme desde dentro para tener hambre de ti. Fray Pedro

DEJEMOS EL LUTO DE NUESTRA APATÍA

Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

VELARÉ CONTIGO, SEÑOR

Mateo 24, 42-51 Soy tan frágil, Señor, hecho de barro que se rompe y aún así has puesto en mi interior un gran tesoro: tu Amor y tu Gracia. Ante los momentos de miedo y zozobra, ante el sinsentido de la vida, en medio de la soledad y la oscuridad o inmerso ya en el pecado, quiero volver mis ojos a ti, Señor, cuidar nuestra amistad, dejar a un lado la vergüenza y la culpa y ocuparme de disfrutarte cada instante de mi vida. Ayúdame con tu Espíritu a velar, a cuidar, a mirarte en todo y en todos y no dejar que ni un día de mi vida se me vaya sin disfrutar de tu presencia que sana, que abraza, que salva. Fray Pedro