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PARA VIVIR EN TU TEMPLO…



Lc 19, 45-48
Señor, pocas veces me doy cuenta las maravillas que haces conmigo. Paso mi vida con prisas y preocupaciones y desearía tan sólo un momento para ir al templo a estar contigo.

¿Pero no es mi cuerpo también un templo en el que habita tu Santo Espíritu? Enséñame a entrar en este templo tuyo que es mi propio ser, para escucharte y hablar contigo en el silencio y la intimidad. Y no permitas que sea usurpado por aquellos sentimientos que me venden una paz falsa; dame sabiduría y celo para no venderme a lo que no me hace vivir tu Salvación.

Comentarios

  1. Palabras que encierran una gran profundidad las cuales se lográn mediante la contemplación en la acción. ¡Muchas gracias!

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  2. Ese tiempo de sí mismo... El silencio que da tanta paz... Qué difícil es lograr la contemplación en el templo interior en medio de los estruendos de lo cotidiano

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  3. Coincidí con la parte de que mi corazón es donde habita el espíritu de Dios y yo con Él, que es un templo de oración , y que hoy viene Él a correr de mi mente y corazón todos esos pensamientos o recuerdos difíciles que están en mi subconsciente, y que llegan de repente a invadir mi mente y corazón 😘
    Gran bendición 🙏🙌🏻❤️

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    Respuestas
    1. Hoy llega a correr, es decir a sacar de mi mente y corazón esos recuerdos, o momentos difíciles . 🙏🙂

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  4. Hermoso y muy certero!
    Gracias tío Pedro, me encantó!😊

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Vivir adviento es oportunidad de vivir resurrección, vida, salvación, liberación. No es posible que tengamos estos momentos en nuestro caminar de fe y los desperdiciemos viviendo en el luto de nuestra tristeza, de nuestro miedo absurdo. No podemos ignorar que el Señor ha mandado rebajar todo monte de altanería, de orgullo, de soberbia; y ha mandado rellenar también todos los barrancos de culpas, de miedos, de tristezas, de baja autoestima, de desesperanza, de vergüenza. Aprovechemos pues que lo único que tenemos que hacer es bajar nuestra mirada de las nubes y dirigirla a los corazones de nuestros hermanos, ahí donde nace el Señor. Y también debemos levantarnos de nuestras miserias, de nuestras caídas, porque el Señor quiere que caminemos con Él, no quiere que vivamos siempre con el peso de la culpa. No somos esclavos sino hijos libres guiados por la Gracia. No seamos apáticos sino empaticemos con la ternura del Niño que esperamos.

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